martes, 13 de marzo de 2012

ANTE LAS URNAS... ¿VOTO ROSA? -2-

Por Xabier Lizarraga Cruchaga



Respondiendo preguntas que me han planteado, aunque algunas cosas ya las he comentado, me parece importante, invitando a reflexiones y debates ciudadanos, darles respuesta –es indudable que, aunque todos mis comentarios tienen como punto de partida la situación y las próximas elecciones en México, también pueden ser reflexiones para otros países y otros procesos electorales… Pienso, por ejemplo, en lo caro que lo están pagando tantos españoles por el “voto de castigo al PSOE” en las últimas elecciones, que le dio al PP la mayoría absoluta, y el poder de hacer y deshacer a su antojo–; espero que algo así no nos suceda en México, es preferible que las fuerzas políticas se vean obligadas a debatir, negociar y conciliar.


Pregunta: "Usted dice que está en contra del sistema partidocrático, que obliga a hacer alianzas o a vincularse con determinado partido político, en el tema LGBTI ¿Qué otras alternativas hay, qué otras vías políticas para incidir y erradicar la homofobia y la discriminación?"

Respondo: Primero: no estoy en contra de las alianzas sino en la obligatoriedad de participar con un partido político. Una alternativa, que considero imprescindible y urgente, es que, siguiendo un reglamento –que falta por hacer porque se resisten a ello los partidos– pueda registrarse para un puesto de elección como “candidato independiente” o “candidato apartidista” cualquier ciudadano que sienta tener la capacidad para desempeñarlo y las estrategias para ello; y en la medida en que los partidos reciben cierta cantidad de dinero para campañas, deberían cambiarse las formas de ese presupuesto y ese dinero distribuirse no sólo entre partidos, sino entre los candidatos registrados. Los partidos podrían tener una X cantidad para gastos de campaña, pues entonces, deberían calcular qué % de ese dinero se dedicará a la campaña para un determinado puesto de elección con el finde que los posibles candidatos independientes reciban un presupuesto equivalente... Y que todos los partidos reciban lo mismo, no prorrateado en función de cantidad de militantes o votos en elecciones anteriores: los militantes deberían sostener al partido mismo y no ser éste un negocio –incluso familiar, como ocurre con el Partido Verde en México–.
Para hacer lo anterior sin descapitalizar al Estado sería también imprescindible reducir el muy inflado número de diputados y más aún de senadores; así como desaparecer los llamados “plurinominales”, en la medida en que muchas veces éstos son una excusa para mantener en puestos de elección a gente que, por su misma trayectoria política y social –escándalos políticos y corrupciones incluidos– el partido sabe que nadie o muy pocos votarán por ella… En este caso, por ejemplo, puede citarse hoy a Dolores Padierna en el PRD, entre otros muchos, también en el PRI y el PAN.



Pregunta: "¿Qué otras vías políticas hay para incidir y erradicar la homofobia y la discriminación, sin sumarse a una campaña partidista?"

Respondo: Insisto que es imprescindible que todos los militantes homosexuales (mujeres u hombres) de un partido salgan del clóset, porque si no, ellos mismos son los primeros en avalar la homofobia. Pero no, el clóset es parte integral de la estructura y las estrategias de todos los partidos… Los más audaces permiten que unos pocos de sus militantes estén fuera de él para dar la ilusión de ser realmente incluyentes y respetuosos de la diversidad, así como buscan tener sus cuotas de mujeres, indígenas, humildes trabajadores. Para ello, obviamente es necesario que al interior de los partidos y también públicamente, los partidos se comprometan con un discurso claro al respecto, sin ambigüedades, y particularmente abrirse al público en general, a comunicarse y dialogar, y no sólo en periodos de campañas electorales: que los ciudadanos sepan si se comprometen realmente contra la discriminación, por la razón que fuere, o si por lo contrario tienen políticas de no aceptación de tal o cual demanda, situación o tipo de persona. Recordemos que José María Morelos y Pavón dejó muy claro que consideraba necesario no permitir que se profesara en el país ninguna religión que no fuera la fe Católica, algo que sin duda podemos rechazar, pero por lo menos todos tendríamos claro qué ideas un determinado candidato o partido se intenta inrtroducir. ¿Utópico? Sin duda, los partidos se mueven la más de las veces en los terrenos de la hipocresía, de la demagogia.
Por otra parte, y como bien ha apuntado Sergio Aguayo en un artículo, los políticos tienden a querer ser escuchados, pero se resisten a escuchar, particularmente a los jóvenes; de ahí que con la intención de que muchos los puedan seguir abren cuentas en Twitter, siendo seguidos por muchos, aunque ellos mismos siguen a muy pocos, y contratan a otros para que se encargan de subir su twits: no se abren al diálogo porque sólo quieren escuchar apoyos, no sugerencias y mucho menos críticas o cuestinamientos.



Pregunta: "¿Cómo darse cuenta que una candidatura, digamos un candidato LGBT es congruente; cómo detectarlo?"

Respondo: Este punto pienso que sería posible si, como digo en el punto anterior, los partidos estuvieran obligados a mantener una comunicación permanente con la ciudadanía, no sólo abordando los temas que a ellos les interesa apoyar o promover, sino también los más polémicos –esos que hoy por hoy en México, AMLO, por ejemplo un ejemplo paradigmático, quiere desviar a presuntas y siempre amañadas “consultas populares”–, tales como: la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el consecuente derecho a la adopción, pero no sólo esos, también toda las problemáticas relativas a transexuales e intersexuales –con relación a actas de registro civil, acceso a tratamientos sexológicos especializados, etc.–, prostitución, laicismo, economía de la vida cotidiana –no sólo con atendiendo a la macroeconomía–, el estado de equidad en el tratamiento internacional –¿por qué en México, por ejemplo, se permite que vengan norteamericanos y canadienses sin visa mientras ellos piden visa a los mexicanos; urgen lass políticas implantadas por Lula Da Silva en Brasil–… y esos son sólo algunos aspectos entre otros muchos. Consiedro que tanto los que acceden a un puesto de elección como los propios partidos políticos deben estar obligados a mantener una permanente comunicación con la población civil rindiendo cuentas en forma periódica y por ley, no sólo cuando un tribunal se los demanda… y rendir cuentas no es publicitarse vía informes sin autocrítica y estadísticas manipuladas.


4ª Pregunta: "¿Podrías profundizar en el tema del clóset y sobre los militantes o simpatizantes dentro de los partidos?"

Respondo: Este punto es demasiado extenso como para resumirlo aquí; pero podría apuntar algunas reflexiones de manera breve, resumida y poco argumentadas: el clóset es un instrumento-institución impuesto por el sistema heterocéntrico, el homosexual (bi, trans) entra en él por la presión homófona que pre-existe a su propia comprensión de qué siente, quién es, etc. Consecuentemente, el homosexual de clóset se somete a las dinámicas y reglas del orden heteronormativo, participando en un juego de las apariencias, se adiestra en las artes del ocultamiento, se borra socialmente como sujeto de deseo y adopta el fingimiento, el engaño como modo de vida. Vía el clóset, la discriminación persiste, incluso se incrementa porque se ejerce contra uno mismo. El clóset fortalece a la homofobia y la transfobia, a las numerosas fobias introyectadas. Y no cabe duda de que, un partido político que lo exige o lo permite, es un partido que utiliza el engaño y el fingimiento –algo que todos sabemos que hace en este y otros muchos aspectos–, por lo que deviene en un aparato ideológico que puede manipular no sólo al electorado sino a sus propios militantes; y evidentemente, eso harán siempre que accedan al poder. De ahí que, personalmente, yo me declare total y radicalmente apartidista.


5ª Pregunta: "¿Cómo definirías el 'voto rosa'?"

Respondo: A grandes rasgos, entiendo por voto rosa apoyar en una elección a candidatos abiertamente homosexuales, bisexuales o trans (mujeres u hombres); y en un segundo sentido, confiarnos y apoyar a candidatos que abiertamente incluyen en su agenda o programa temáticas de interés para el colectivo LGBTTTI. Pero sin duda es un voto sesgado, y que como lo que podríamos llamar “voto campesino”, “voto religioso”, “voto femenino”, “voto obrero”, “voto indígena” –que en Bolivia fue determinante– o “voto juvenil” que se prestan a una gran manipulación demagógica dirigida a sectores específicos de la población general, y por tanto, pueden ser tan peligrosos como, repito, llegó a ser en el año 2000 en México el llamado “voto útil”; o como ha sido en España, el mencionado “voto de castigo”, uno y otro abrieron la puerta a partidos más conservadores y discriminadores.


6ª Pregunta: "Somos los LGBT oferta política para los partidos políticos?"

Respondo: Si no lo fuéramos no se harían presente algunos en la Marchas de junio cuando a la puerta está un proceso electoral... si no lo hay, no suelen hacerse presentes. Como resultamás que evidente, hoy por hoy, para políticos y economistas, el colectivo LGBT somos una presencia social incuestionable y con un peso político y económico importante. Sin duda somos para los partidos políticos mucho más atractivos electoral y económicamente que los grupos indígenas o campesinos, que los mineros, incluso mucho más que los científicos, escritores, pintores y demás. De ahí que después de más de 30 años de activismo hayan tenido que tomarnos en cuenta en sus discursos y programas –para bien o para mal–, como ha ocurrido con las mujeres por presión del activismo feminista. Aunque sin duda, por ello mismo, no pocos quieren hacer como que no existimos, temerosos de comprometerse con demandas que otras fuerzas políticas importantes y conservadoras desaprueban.
Siempre que un sector de la población se hace no sólo visible sino activo y crítico con el hacer y deshacer político de los que ocupan puestos de elección, ese sector se convierte en una preocupación, y los partidos necesitan replantearse estrategias, calcular costos y beneficios de apoyar o rechazar determinadas demandas, y sin duda pensar muy bien –en caso de decicir incluirlas– cómo hacerlo sin perder otros apoyos o verse en puntos de mira de ciertos sectores. De ahí que, más que compromisos reales, una gran cantidad de candidatos y campañas sólo aparenten interés y compromiso, pero sin hablarlo de frente… Insisto, un ejemplo de ello lo tenemos en las respuestas, presuntamente democráticas pero reaslmente evasivas, de AMLO ante problemáticas como “el aborto” y “el matrimonio gay”. Y digo “presuntamente democráticas” porque son respuestas que da escudándose en el sector religioso que lo apoya y porque evidentemente no sabe evaluar cuál apoyo puede finalmente redituarle mayores beneficios.


7ª Pregunta: "¿Cómo ve la aparición de una organización de una organización adherente al PRI, le parece congruente, qué lectura le da? ¿Y la del PRD, que muchas veces ha utilizado la bandera de izquierda y pocas veces ha respondido como tal?"

Respondo: Precisamente esos ajustes que partidos como el PRI hacen, son evidencia de lo importante que finalmente resultamos para los partidos en términos de “una cosecha electoral”. Con respecto al PRD, se presenta como “la izquierda” –junto con partidos como el PT, que ha cambiado de rumbo y cara, en su breve historia, tanto como el Partido Verde–, pero gran parte de sus integrantes –desde su misma fundación, y con personajes como AMLO, Camacho Solís y tantos otros, como Bartlett en los últimos meses– no son más que expriístas que no consiguieron obtener las candidaturas o huesos que en su momento pretendían; en mi opinión, el PRD tiene mucho priísta resentido, y ha heredado muchas de las características por las que gran parte de la población en el 2000 quería sacar al PRI de Los Pinos. 
Por otra parte, aunque para muchos no resulta claro, la pluralidad de las izquierdas –en todas partes y a través de la historia– nos muestran que no siempre están a favor de las demandas feministas y menos aún del colectivo LGBT. La historia nos da muchos ejemplo de que, en nombre de una presunta izquierda, quienes acceden al poder pueden dar patéticos giros en sus políticas y frecuentemente las mujeres y los homosexuales somos las primeras víctimas en la Unión Soviética, la Italia fascista –de origen socialista como el nazismo–, la China de Mao y la Cuba de Castro (por sólo poner unos ejemplos paradigmáticos), la misoginia y la homofobia llegaron a extremos equivalentes si no mayores a los que se llegó con monarquías monolíticas o la Inquisición: campos de concentración, condena a trabajos forzados o a muerte, etcétera. Por eso siempre se tiene que hablar en plural, de las izquierdas, ya que el adjetivo de izquierda no dice realmente nada… y no pocas veces los partidos que se declaran como tales ofrecen visiones e implementan políticas no muy distintas a las que promueven los partidos más conservadores y represores.

El homófobo panista Juan Pablo Castro, 
acusó al PRD por permitir el matrimonio "entre jotos" 
y el aborto en el Distrito Federal

9ª Pregunta: "¿Qué nos queda por hacer, como colectivo, en estas épocas electorales?

Respondo: Queda mucho, muchísimo por hacer; pero resumiendo: conquistar muchos derechos civiles para todos los miembros del colectivo –para homosexuales, bisexuales, tranms y hermafroditas de todas las clases sociales, socioeconómicas y socioeducativas, así como urbanas, rurales y étinicas a nivel federal–, e insisto en lo que considero más importante y que más tiempo nos llevará, aunque no pocos heterosexuales también están por ello: desmontar el sistema heterocentrista hegemónico, y construir con los heterosexuales un sistema social incluyente, libre de exclusiones preestablecidas, un orden social en el que no generemos ciudadanos de segunda o tercera categoría.


Y concluyo: Hacer política, gobernar y mover a un país es responsabilidad de todos, aunque tenemos que ser conscientes que no todos pretendemos un país con las mismas características. Las disidencias y oposiciones son inherentes no ya a la naturaleza humana –como les gusta decir a algunos– sino al hecho de ser ciudadanos: unos aspiramos a condiciones de vida justas, sin llegar a precisar qué entendemos por “justas”, y otros sin duda prefieren que muchos queden por debajo de ellos, ya que sólo así ellos tienen de qué sentirse orgullosos; como quedaba claro en un cuento de Ray Bradbury [en Crónicas marcianas], los blancos texanos no quieren que los negros se vayan a Marte porque entonces ¿ante quiénes serán superiores los blancos? Y con relación a la homosexualidad, es algo que ya Serge Moscovici lo expuso claramente: “Por una paradoja que no lo es sino en apariencia, es en la interacción homosexual que la dimensión sexual adquiere un relieve social y no en la interacción heterosexual.” [Sociedad contra natura, Siglo XXI Editores, México, 1975:201].



    

    

sábado, 10 de marzo de 2012

ANTE LAS URNAS... ¿VOTO ROSA?

Por Xabier Lizarraga Cruchaga

Ante la cada vez más frecuente postulación de mujeres y hombres homosexuales y transexuales a puestos de elección, y en la medida en que en varios países ya hay primeros ministros y cargos así ocupados por homosexuales-lesbianas totalmente fuera del clóset, desde hace ya unos cuantos años se repite constantemente la pregunta, invitando a veces al debate: ¿Debemos optar por el "voto rosa"? ¿Decantarnos por aquellos candidatos abiertamente lesbianas o gays?


Y la respuesta no es en absoluto sencilla, porque tales puestos de elección demandan no sólo intenciones sino capacidades, porque para ocupar tales puestos sería deseable que hubiera personas no sólo comprometidas con los objetivos libertarios del colectivo LGBTTTI (y lo que se le añada con el tiempo), sino comprometidos con los países o las ciudades o las provincias, con los ciudadanos... y comprometidos con vista en el ahora y en el mañana, y no sólo viendo hacia dentro, sino hacia el horizonte en el que hay otros pueblos, unas culturas, otros países y, nos guste o no, otras ideologías, religiones, economías y aspiraciones. Un craso error, en mi opinión, es votar sólo pensando en lo que personalmente no interesa: el mundo y las realidades son mucho más amplias que nuestras inquietudes, aspiraciones y necesidades individuales o domésticas.

Por otra parte, también es necesario reconocer que desde la perspectiva de otro sexo, de otra preferencia sexo-erótica u otra identidad sexo-genérica, las cosas se ven siempre diferentes; lo que somos también influye en lo que vemos y cómo lo vemos; y además desde nuestra perspectiva se significan importantes y urgentes algunas cosas que para otro, no sin malas intenciones necesariamente, pueden ser considerables, pero "pueden esperar". De hecho, las mujeres, los homosexuales en general, los transgéneros, transexuales y hermafroditas, como muchas etnias y grupos en el mundo, siempre hemos estado en el casillero de lo "no urgente". Por lo que, sin duda, nuestras demandas, reivindicaciones, derechos y requerimientos son cada vez más urgentes.

Sin embargo, quizás sea necesario detenernos un poco a reflexionar, más aún cuando tenemos elecciones federales y algunas locales a la vuelta de la esquina –en México, el 1º de julio de 2012–. Y a reflexionar sobre varios aspectos: que como bien reza el refrán manido y manoseado: "no es oro todo lo que reluce", que "prometer" no significa "llegar y hacer" porque como bien apuntan otros refranes: "prometer no empobrece" y "de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno"; y algo que es imprescindible no olvidar, que "querer hacer" no es necesariamente "poder hacerlo", porque sin duda hay muchas fuerzas opositoras, circunstancias desfavorables, azares que desmoronan las ilusionadas expectativas como un viento un castillo de naipes.



Personalmente, pienso que es sumamente importante que hombres y mujeres del colectivo LGBTTTI intenten incidir desde dentro en los partidos políticos, para combatir la homofobia en ellos y en la sociedad, pero no sólo para eso: un país tiene numerosas problemáticas que abordar y los LGBT debe intentar por lo menos en una cosa que la inmensa mayoría de los demás políticos no tienen la menor intención de modificar: incidir en las entrañas mismas del orden heterocentrista con el fin de ir desmontándolo –algo que tampoco interesará a muchos homosexuales y transexuales–. Es probable que un candidato homosexual considere que la meta de las aspiraciones del colectivo LGBT está en ser incluídos, asimilados por el orden hegemónico actual: heterocéntrico y heteronormativo; un orden que para otros muchos –incluso no heterosexuales– se significa como un orden de exclusión, y por lo mismo las aspiraciones apuntan hacia la construcción de un nuevo orden social y político de inclusión; lo que también puede significarse como terminar con el sistema partidocrático. En lo personal, estoy totalmente en contra de un sistema partidocrático que obliga a estar vinculado o hacer alianzas con un determinado partido para poder buscar un puesto de elección; y también estoy por una nueva perspectiva legal y social que acabara con la necesidad de incluir en las actas de nacimiento, en los documentos oficiales, escolares y laborales el sexo (o el sexo-género, que es lo que se toma en cuenta) de los individuos, con lo que a la postre, palabras como "mujer", "hombre", "intersexual", "hermafrodita", "transexual" y "transgénero" tendrían el mismo peso emocional que otras palabras menos cargadas de valor ideológico como "árbol", "paisaje" o "ciudadano".



Considero no sólo importante sino imprescindible y urgente, que haya candidaturas coherentes con un discurso LGBT de transformación y no de asimilación e integración a un sistema misógino y homófono. Estoy en contra de ceder ante mínimas concesiones y prebendas, ante humillantes limosnas; no soy de los que piensan que sólo hay que buscar una igualdad de derechos civiles –lo que sin duda ello es importante y debe hacerse–, pero dejar de lado derechos políticos y sociales en general: ¿un plantón LGBT en el Zócalo capitalino sería tratado igual a como han sido tratados los plantones de AMLO o del SME? Mientras no tengamos garantía alguna de que nuestras demandas y protestas valen tanto como las de un sindicato, un político o un grupo étnico, seguiremos siendo ciudadanos de segunda o tercera categoría. Por otra parte, ser votado como candidato, por el hecho de pertenecer al colectivo LGBT, también tendría que significar que, aunque no sea posible conseguir todo lo que se requiere, es imprescindible reconocer que los requerimientos de derechos no sólo son los demandados por los y las homosexuales, bisexuales, trans y hermafroditas urbanos o clasemedieros... 

 "Un chant d'amour" de Jean Genet [1950]

Si, debemos dirigir nuestras baterías a construir un nuevo orden en el que, por ejemplo, no se anote en actas de nacimiento, certificados de estudios o contratos de trabajo el sexo de la persona, porque ello obliga a un orden binomial en el que los hermafroditas quedan excluidos, cuando no obligados a ajustarse a una de las partes del binomio; y genera problemas civiles, políticos y sociales a los transexuales y transgéneros. Desde diversas trincheras, lo que incluye los puestos de elección (poderes legislativos y ejecutivos) es imperante construir un orden social en el que no sólo ante la ley sino también en los hechos, hombres, mujeres, hermafroditas, homosexuales, bisexuales, trans en general seamos realmente iguales, y no vistos como minorías o grupos vulnerables.

Es importante que todo candidato LGBT a un puesto de elección tenga presente las desigualdades en términos de condiciones de vida, sociales, políticas y culturales que tienen los homosexuales y demás en las cárceles, las comunidades étnicas más alejadas de las urbes –con frecuente asfixiados por los llamados "usos y costumbres"–, en fábricas, pueblos y rancherías, e incluso en el extranjero, sea o no en su calidad de migrantes ilegales. Es por ello que pienso que el hombre o la mujer homosexual, trans o bisexual que pretenda ocupar un puesto de elección, debe pensar que tiene que trabajar no sólo para un grupo o colectivo, sino para hacer de México (o de cualquier país en el que se dé el proceso) un lugar de equidad y justicia, un país con miras a un futuro distinto al actual... ¡Ya basta de poner como excusa, ridícula por lo demás: México, la sociedad mexicana no está preparada para ésto o aquello! El cambio se provoca, el movimiento se demuestra andando.


Ahora bien, mucho se habla hoy –y no poca farsa se realiza en México– con relación a la equidad de género, estableciéndose incluso cuotas, en términos porcentuales. Pero ¿realmente es adecuada esa pretendida solución? ¿Por qué no se establecen también cuotas en términos étnicos, de preferencia sexo-erótica o incluso profesionales o de oficios?  ¿Les parece ridículo? Pues igualmente ridícula es la de una cuota de género... porque además en ella no se contemplan a mujeres transexuales ni a hombres transexuales. ¿Es que también hay géneros de primera y se segunda? Si los políticos realmente estuvieran por favorecer las condiciones de vida de los ciudadanos todos, tales cuotas sólo serían aceptables en la medida en que permitirían, más que un equilibrio numérico de hombres y mujeres en el Congreso o los gabinetes –por poner dos ejemplo–, un equilibrio de perspectivas de análisis y de propuestas, de sensibilidades... a partir de experiencias, de las diferentes formas de percibir, sentir y vivir el mundo en el día a día: las mujeres menstrúan, algunas se embarazan y paren, los hombres no sabemos prácticamente nada de lo que ello significa y de cómo repercute incluso a nivel social, nacional.



Pero no, no nos engañemos, el hecho de ser mujer no hace que quien ocupa una curul u otro puesto de elección no sea misógina, machista, sexista; como tampoco el que sea homosexual, lesbiana, bisexual o transexual garantiza que no sea homo-lesbo-bi-transfobo.
Asimismo, considero importante que los homosexuales (hombres y mujeres) que ya están metidos en la política vía los partidos con registro (sean o no militantes de los mismos) y que en momentos como éste pretenden algún puesto de elección o formar parte de un gobierno (para la función que sea) deben estar totalmente fuera del closet, con el fin de no avalar la homofobia ni promover los tradicionales engaños y fingimientos. ¿No les demandamos a los políticos honestidad? Y es que resulta lamentable la cantidad políticos "de oficio" que aún están en el clóset, e incluso los muchos que utilizan el matrimonio heterosexual y los hijos como pantalla de respetabilidad.



De hecho, en cada elección hay un número indeterminado de hombres y mujeres homosexuales y bisexuales –quizás no de transexuales y hermafroditas–, pues como tantas veces hemos gritado en Marchas y mítines: "estamos en todas partes", y ya que es así, pues que se vea, pero que no sea la preferencia sexo-erótica o el sexo-género el epicentro de una publicidad electoral. No considero que por “ser homosexual” (lesbiana, trans, etc.) o por el hecho de “ser mujer” un candidato es la opción a votar. En lo personal, estoy totalmente en contra del llamado "voto rosa" o el "voto de género", como siempre estuve contra del lamentable "voto útil" que se promocionaba en el año 2000, ese que hizo llegar a la presidencia de México a Vicente Fox. Reconozcámoslo, hay mujeres y hombres homosexuales, bisexuales y trans incapaces para esos puestos (como los hay entre heterosexuales), así como los hay deshonestos, oportunistas y demás; el ser lgbt no nos hace ni mejores ni peores, las cualidades para acceder a puestos de elección y de gran responsabilidad no tienen nada que ver con el sexo... aunque deben siempre tenerse en cuenta los aspectos sexuales de los individuos.



Personalmente, hoy por hoy, mi recurso electoral es la ANULACIÓN del voto.