martes, 22 de marzo de 2011

UNA CULTURA DE UÑAS ABIERTAS -primera parte-

Por ©Xabier Lizarraga Cruchaga
Grupo Guerrilla Gay

Presentación
Corría el año de 1983 cuando un afamado y en aquel entonces joven escritor homosexual (Luis Zapata), autor de una obra icónica: El vampiro de la colonia Roma –obra que dejó huella en este México nuestro de amnesias y frivolidades, pero también de grandes talentos–, hizo una declaración –vía periódicos y avalada por otros– que sin duda me estimuló, me provocó, como miembro del recién creado Grupo Guerrilla Gay, a dejar clara nuestra posición al respecto… Y aproveché el texto que a continuación transcribo, para presentar a nuestro grupo en la Semana Cultural que organizara en 1984  el Grupo Orgullo Homosexual de Liberación (GOHL), en la ciudad de Guadalajara, Jalisco (México).


Dicha “Semana” se realizó en un recinto importante de la ciudad, el Museo Regional (o algo así, se llama, aunque la memoria puede estarme jugando una mala pasada). En el receso anterior a que me tocaea presentar mi texto (28 de junio de 1984), me dirigí al baño para cambiarme de ropa: me puse una camisola y unos pantalones de camuflaje, unas largas y rojas uñas postizas en la mano derecha y, como diría Truman Capote, muchísimo maquillaje… con glitter incluido. Nadie más que Luis Guillermo (que me ayudó en mi transformación) y yo mismo sabía de la existencia de Guerrilla Gay, así que nuestra “presentación en sociedad” quería que fuera espectacular.
 
Regresábamos al salón donde se llevaba a cabo el encuentro cuando, al cruzar por el suntuoso patio colonial del edificio, nos percatamos que en otro salón se llevaba a cabo la inauguración de una exposición de pintura… y había meseros repartiendo copas; Luis Guillermo y yo entramos, tomamos una copa y fuimos a avisar a los demás (jotos y lesbianas) que ahí al lado podían conseguir con qué refrescar la garganta y animarse. Es memorable la cara que pusieron los invitados a la inauguración, que por cierto presidía el Gobernador del Estado, cuando entramos primero Luis Guillermo y yo y después todo un grupo variopinto de “raritos y raritas”.

Con ese acto, Guerrilla Gay, que fue presentada como organización antes de la lectura del texto “Una cultura de uñas abiertas”, dejó bien claro el por qué de nuestro nombre.
A más de 25 años de distancia, el texto puede resultar incluso un poco ingenuo o poco argumentado, pero lo comparto porque, sin duda, es una especie de acta de nacimiento de un grupo activista… cuando el SIDA aún no tenía ese nombre y los miedos y nuevas luchas estaban por llegar. Por cierto, al día siguiente, en esa misma Semana, Luis Guillermo, médico y activista, habló sobre lo que hasta ese momento se sabía de esa amenaza que después de llamaría SIDA, y fue la primera plática sobre el tema que en México se dio fuera de un ambiente o recinto médico.


UNA CULTURA DE UÑAS ABIERTAS

No existe una cultura homosexual —sentenció un sabio.

Aplausos, por favor.

La cultura es universa —subraya otro.

¡Bravo! Más aplausos, por favor… si no es mucha molestia.



En español parece que son suficientes cuatro o cinco palabras para abolir las diferencias, para negar la pluralidad cultural.

La cultura que crearon y vivieron los chinos en el siglo VI parece ser la misma de los chinos de los tiempos de Mao (no sé qué tan felices se pongan con esto los maoistas); pero no sólo eso, es la misma cultura de los palestinos de todas las épocas y la misma de los incas y de los mexicas y de los españoles del siglo XVI y de los esquimales de Alaska y de los tchambulis de Nueva Guinea y de los… agréguenle cuantos etcéteras deseen. La cultura es una, única, y como cualquier divinidad prestigiosa (pues en esos términos se habla de ella) es indivisible. Así que yo, en lo personal, no acabo por qué se dio en EEUU tanto el jazz como la música country, ni tampoco entiendo el por qué del vals en Viena, los Beatles en Inglaterra, el son jarocho y el cante jondo… o ¿es que no entiendo el concepto de universalidad?


 Quizás no entiendo nada de nada, pero ante tales afirmaciones lapidarias, me siento como ante un almidonado discurso de un culturólogo decimonónico, cuya transparencia conceptual ilustra (en el más amplio sentido de pueda dársele al término) una política de cabezas caídas, de aceptaciones integracionistas y de inmovilidades revolutivas.
 
Me pongo a pensar, en el más absoluto desorden cronológico, en algunos nombres, y recuerdo algunas obras: Salvador Novo, Roger Peyreffite, Safo, Erik Satiè, Rainer W. Fassbinder, Virginia Wolf, Christopher Isherwood, Yukio Mishima, Emilio Prados, Miguel Ángel, Elías Nandino, André Gide, Pier Chaikovsky, Jean Cocteau, Leonardo da Vinci, Oscar Wilde, Nancy Cárdenas, David Hockney (puesto de moda en México por Televisa), Federico García Lorca, José Lezama Lima, Francis Bacon, José Antonio Alcaraz, Walt Whitman, Carlos Pellicer, Pier Paolo Passolini, Constantin Cavafis… y tantas y tantos otros ubicados en el tiempo y en el espacio ilimitados, y lamento no poder recordar (pues no se puede recordar lo que se ignora) a aquellos homosexuales, de uno y otro sexo, que sin duda escribieron, pintaron, bailaron, esculpieron, musicalizaron y dramatizaron de mil formas sus realidades en la India, en las zonas áridas de la inmensa Australia, en los fríos paisajes de Laponia, en la tupida Amazonia y en tantos otros puntos geográficos.


 














 
















Después me pregunto: ¿Sus aportaciones culturales son homosexuales? Y pienso en las formas de Miguel Ángel y luego miro los brazos de su Aurora y los muslos de su Noche, y casi me atrevo a afirmar que su preferencia sexual también intervenía (aunque Freud aún no hubiera nacido) en los golpes de cincel y martillo dados al mármol y en las pinceladas que definieron su Creación del Hombre en la Capilla Sixtina.

 


















Sin embargo, para muchos nada de esto significa que tales obras sean parte de una cultura homosexual, absorbida por la cultura oficial, y prefieren hablar de una cultura italiana renacentista; lo cual, por otra parte desuniversaliza un poco, delimitando especificidades culturales. O ¿es que alguien podría pensar que el Moisés es una obra pakistaní o azteca?

 Sin duda, es difícil hablar de una cultura homosexual, y más aún de una historia y una etnología de una cultura homosexual. Pero no, porque no existía, ni mucho menos porque la cultura sea universal. La cultura, así en abstracto y generalizada, es una entelequia. Existen culturas porque existen pueblos, porque existen épocas, porque existen geografías y ecologías, porque existen sistemas y discursos de poder, porque existen deseos, porque existen experiencias y porque existen miradas.
 
Quienes hablan de una cultura universal, exhalan un aliento cadavérico y quieren imponernos sus miedos personales, escupiendo estereotipos reduccionistas, pues sólo consideran como cultura aquello que producen los poetas de oficio, los pintores de academia, los músicos de conservatorio y demás intelectuales de escuela… De ahí que yo tomara los ejemplos anteriores.

Pero pongamos un poco de orden en este caldo de confusiones oportunistas, retomemos el concepto “cultura” para explicarlo un poco, para limpiarle las sombras de un maquillaje caricaturesco.


 

1 comentario:

  1. El espacio que faltaba lo has llenado tú, gracias Xabier
    El closet se ha roto y creo que era un sueño que se arañaba con las uñas…

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