jueves, 19 de abril de 2012

DOS MARCHAS LGBTTTI: ¿FRACTURA? ¿DEBILIDAD…? ¿FRACASO?

Por Xabier Lizarraga Cruchaga


En este 2012 se están promoviendo dos Marchas del Orgullo LGBTTTI para el próximo mes de junio, en el Distrito Federal (México); cada una con sutiles cambios en su denominación y otras matizaciones más o menos importantes –según quien las proponga o califique– en sus convocatorias, en los objetivos a subrayar o en intenciones de tipo más personal o grupal, incluso quizás gremial.

Para muchos, quizás, este hecho puede ser considerado "inédito"; pero no, no lo es en absoluto... En otros años se han realzado diferentes marchas, en ocasiones en diferentes meses –como las marchas organizadas por grupos de lesbianas, que optaron por el mes de marzo–, otras veces incluso en la misma fecha pero arrancando de distintos puntos de la ciudad, estableciendo otros recorridos e incluso eligiendo diferentes lugares de llegada, con espectáculo de cierre o sin él, con lecturas de varios comunicados según grupos y consignas singulares o  con contenidos a veces incluso distantes y no sólo diferentes; con más o menos fiesta, mayor o menor lucimiento o capacidad de convocatoria.
Y es que, como cualquier otro movimiento social, el del amplio y plural colectivo LGBTTTI no responde a un sector monolítico de la población mexicana, por lo que no es unívoco. Como en cualquier otro sector, entre nosotros hay muchas diferencias: de perspectiva ideológica, de objetivos particulares, de valoración de ciertas metas, de estrategia y, sin duda, de tono, diferencias en dinámicas y lógicas que hacen más que evidente que el colectivo no sólo se mueve, sino que se transforma, que crece y madura, que se tropieza y se levanta, que comete errores y que busca corregirlos, que reflexiona, propone, debate, innova y, quizás lo más importante, trata de no encasillarse ni en estereotipos rasantes ni en objetivos vanos –aunque no siempre se consiga–. Resulte o no evidente para muchos, incluso al interior mismo del colectivo, todos somos sujetos políticos y como cualquier ciudadano, como todo animal humano, somos paradójcos: al tiempo que sociocéntricos, egocéntricos.


No olvidemos que, pese a que a veces no seamos muy rigurosos con el úso de las palabras, no constituimos una comunidad, sino un colectivo... Por lo menos, no en el sentido más estricto y utilizado del término "comunidad". Somos un colectivo plural, tan plural como la población mexicana misma –que incluye también a aquellos que nos agreden y discriminan, porque no estamos libres de prejuicios, homofobias, misoginias y demás vicios sociales–. Este amplio pero delimitado colectivo lo conformamos mujeres y hombres, hermafroditas, homosexuales y bisexuales, travestis, transgénero y transexuales, osos y gente de gimnasio, algunos que son religiosos –cristianos de muy diversas iglesias, judíos, musulmanes, budistas, etcétera–, otros no –agnósticos, librepensadores y ateos–, también omnívoros y veganos, personas de pocos recursos económicos, clasemedieros y ricos; de ideología de izquierdas, de centro, de derecha e incluso quienes se dicen apolíticos; no faltan los analfabetas y los muy instruidos, los monoligües y los políglotas, incluso mudos, sordos, ciegos y con otras características físicas y funcionales; hay personas muy inteligentes y otros que no parecen serlo, también serios, solemnes y frívolos, risueños y depresivos. Hay gente dedicada a un sin número de actividades: plomeros, maestros, trabajadoras domésticas, economistas, choferes de taxis y autobuses, pepenadores, albañiles y funcionarios, economistas, secretarias, actores, poetas, periodistas, sacerdotes, monjas y sacristanes, diseñadores, fotógrafos, cineastas, prostitutos, empresarios... y en el larguísimo etcétera que sigue, entran sin duda políticos, militares e inmigrantes ilegales.

También constituimos este colectivo personas nacidas en México y otras que han fijado aquí su residencia tras salir de sus países de origen, algunos somos criollos, otros mestizos, mulatos o indígenas; los hay de largo linaje mexicano, pero también de origen chino, noruego, palestino e israelí,  de padres o abuelos sudafricanos, canadienses, malayos, ingleses, guatemaltecos, coreanos, brasileños, japoneses... Casi un planeta completo en el singular mapa del México de hoy que tantas veces se le llama "cuerno de la abundancia" pese a la mucha miseria y contrate que hay entre todos nosotros.

Muchísimos del colectivo aún se encuentran viviendo en clósets asfixiantes mientras que otros, con audacias y estrategias, hemos conseguido liberarnos un poco de los tristes amarres que impone el heterocentrismo homófobo y misógino, y logramos mirar a la familia, al amigo, al profesor, al empleador y al empleado, al vecino y al transeúnte, con orgullo de ser lo que somos, de amar a quienes amamos, de sentir lo que sentimos y de identificarnos como lo hacemos, superando miedos y vergüenzas aprendidas.

 

No, todo ello no configura realmente una comunidad, somos un caleidoscópico sector poblacional unidos por quizás una sola, pero importantísima cualidad común: ser disidentes del orden sexo-político hegemónico, disidentes de la heteronormatividad, de la concepción rígida y binaria de los sexos y sexo-géneros, y disidentes de esa perspectiva obligatoriamente genésica de la sexualidad... por lo que cruzamos nuestro andar, sin duda, con las feministas –en sus también múltiples versiones– y no pocos hombres y mujeres heterosexuales "compañeros de ruta". Y aunque es una sola cualidad la que da el ingrediente fundamental de este colectivo LGBTTTI, es una cualidad tan poderosa y rica que da pie a perseguir algunos objetivos sexo-políticos comunes, pero también permite perseguir objetivos particulares –v.g. unos quieren integrarse y ser asimilados por el sistema que hay, mientras que otros intentan minarlo para demoler el heterocentrismo y construir un nuevo orden, que se desea no sólo más luminoso sino también más colorido–. Y es por ello que no siempre todos subrayamos los mismos matices y optamos por las mismas estrategias de acción... y, qué duda cabe, también nos mueven distintos intereses inmediatos o a más o menos mediano plazo. 


La diversidad interna es tal, porque además compartimos una cualidad con el resto de la población del país: como productos históricos que somos, todos aprendimos en casa, en la escuela, en la iglesia, en la calle, en los mass media, etcétera, y sin darnos cuenta introyectamos desde pequeños la misoginia y la homofobia... Una cualidad que muchos consideramos imprescindible desaprender y erradicar, denunciar y combatir. Y es en ese punto en particular donde se asienta el objetivo primero y común de todas nuestras marchas, se lleven a cabo cuando y donde se lleven a cabo.

Pero ¿por qué este año realizar dos marchas en junio en el Distrito Federal? Es una pregunta que insistentemente me han hecho, y sin duda no resulta sencillo comprenderlo afectivamente, mucho menos explicarlo; pero podría tratar aquí y ahora de sintetizar, diciendo que, en principio, en todo movimiento, en toda organización y en todo grupo, más aún en un amplio colectivo, siempre surgen disensos, deslindes, distanciamientos: rupuras y desencuentros... como se dan distanciamientos entre los colores y los matices del mismo arcoiris, al que significamos de mil y un formas. Y es que, finalmente, ni siquiera cada uno de nosotros está del todo seguro de lo que quiere para sí, de lo que es conveniente hacer hoy o dejar para otro día, de a dónde ir y qué evitar... 


Para algunos es prioritario o sumamente importante que los candidatos a puestos de elección y los partidos políticos mismos tengan voy y foro en la marcha del orgullo, argumentando, no sin dosis de razón, que hay que presionarlos para que se definan al respecto de nuestras demandas y nos consideren en sus plataformas y propuestas. Consecuentemente, proponen como fecha para la realización de la marcha el 2 de junio, dado que se estará en plena temporada de campañas. Otros –entre los que reconozco que me incluyo– opinan que la marcha debe ser apartidista y laica totalmente, y no dar pie a ser avasallados por los partidos y sus intereses electorales; por lo que proponen que se realice la marcha el 30 de junio, dado que en esa fecha hay veda electoral. Pero sin duda hay otras razones e intereses en juego, todos válidos y quizás todos cuestionables desde alguna perspectiva... Sin duda, no todo argumento es avalado por la totalidad el colectivo LGBTTTI, ni siquiera por aquellos que desde hace años asiste o participa en la organización de las marchas, e incluso hay quienes se oponen a las marchas en sí. Siempre hay encuentros y desencuentros, como en cualquier colectivo y como ocurre en todo movimiento social.


Algunos de los convocantes a la marcha del 2 de junio están motivados, además de por los objetivos comunes en torno a derechos igualitarios y a planteamientos electorales, por importantes intereses económicos (empresariales), y quieren asegurarse que no haya ley seca al terminar la marcha, con el fin de organizar fiestas siempre muy concurridas en diversos bares, además de que argumentan querer apoyar y dar mayor lucimiento al Tri-Gay en el encuentro futbolístico previamente programado... y eso, sólo por mencionar dos argumentos de peso esgrimidos.


Los que proponen que la fecha sea el 30 de junio piensan y argumentan que, haya o no ley seca en el Distrito federal –algo que depende de lo que determine el gobierno del mismo–, es preferible que la marcha no sea utilizada como botín electoral, que se totalmente apartidista y se centre, además de en lo lúdico y festivo, en las demandas y consignas sexo-políticas... Amén de que algunos sostienen que es importante seguir con la tradición de realizarla el último sábado de junio –como ha sido la mayoría de los años, aunque ocasionalmente la fecha se ha adelantado una semana, cuando es año electoral y ese último s+abado de junio coincide con "cierres de campaña"; que no es el caso en este 2012. 
Sin duda, para muchos, el que se propongan y organicen en la Ciudad de Mexico dos marchas en el mes de junio, en vez de una sola, puede significar que el movimiento LGBTTTI se devalúa a sí mismo –como me han sugerido algunos–. 


Mi opinión es que pensar así es tan erróneo como sería decir que México se devalúa como país porque hay gente que quiere educación laica y gratuita y otros que se inclinan por una religiosa o de paga, porque unos votan al PRD, otros al PRI, al PAN o a algún otro partido; porque algunos optan por anular su voto mientras que otros simplemente ni se paran por las casillas el día de las elecciones. Tanto el país como los sectores poblacionales –como el colectivo LGBTTTI–  son diversos en sí mismos, plurales, diámicos... Y qué bueno, porque la diversidad y los matices enriquecen. También me han dicho que proponer dos marchas en junio debilita al movimiento, y probablemente en alguna medida lo hace, pero paradójicamente, también lo fortalece. ¿Por qué? Sencillamente porque una y otra propuesta, uno y otro comité organizador de las marchas derivan en mayor visibilidad del colectivo... y permite llegar a más y a más distintas personas. Por otra parte, dos marchas hacen evidente la necesidad de que reflexionemos, de proponer estrategias diversas para llegar a esa diversidad que tanto se festeja y reivindica en cada una de ellas y en todas las marchas que el activismo LGBTTTI realza en el país. Por otra parte, y quizás lo más festejable, es que a través de debates y argumentos, podremos ser capaces de fortalecer la decisión de no dejarnos avasallar por un orden heterocéntrico, misógino y homófobo (tránsfobo, lesbófobo, bifóbico...).

Por todo lo anterior, unos y otros –y los que aún no se decantan por una de las dos, los que piensan asistir a ambas o lo que no piensan marchar nunca–, podemos sonreírle al crítico homófobo y misógino, y con esa sonrisa dejar muy claro que: Este 2012 sabemos que no se acaba el mundo, pero también sabemos que, por lo menos en el Distrito Federal,  JUNIO será el mes del ARCOIRIS... se abrirá y se cerrará con NUESTRO ORGULLO EN MARCHA



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