miércoles, 22 de diciembre de 2010

TEJIDO DE SUEÑOS Y PLACERES

© Xabier Lizarraga


Hoy, como ayer —según creo recordar—, desperté sin haber dormido: estaba sentado en la penumbra de un recuerdo cuando se abrió la ventana del reloj para cantarme el amanecer, lanzando rayos oblicuos a mis pupilas… disolviendo imágenes que me mantenían en contacto con horas pasadas y sensaciones olvidadas; abriendo puertas que quiero… pero no sé si realmente quiero trasponer.

La duda me teje los instantes… si… ¿si...? no… ¿no...? Las dudas parecen cosidas con pequeñas puntadas de bordadora paciente; cosidas a mi sienes, a mi frente, a mi nuca., a mis párpados, a mis labios que no se atreven a reir pero tampoco quieren cerrar puertas a las alegrías. 

Son más dudas que las de ayer, y mientras sea posible acumularlas sin lastimar demasiado a los recuerdos, seguiré mimándolas.

¿Habré imaginado que despertaba cuando mi mano recorría sin pudor mi vientre, llegando al prado ondulante de las erecciones? O habré soñado que dormía y sólo me masturbé pensando en los bellos rostros vistos ayer… quizás hace unos día, desdibujados en el fugaz tránsito de la calle donde vivo: Un chico paseaba un perro, éste olía el árbol de la esquina; aquél, sonreía… ¿al día, al perro, al árbol, a un recuerdo? Yo no sé a quién o a qué le sonreí al descubrir que parpadeaba desconcertado.

No quiero dejarlo pasar por más tiempo: necesito decirlo sin abrir los labios, porque temo que entonces las palabras se transformen en suspiros y nada quede dicho… sólo sugerido en un temblor de pestañas, de seguro imperceptible.

¿Pero me atrevo? No sé si mi osadía se dejará acompañar por las sugerencias mudas del deseo, de los placeres que aún anidan en el recuerdo.

Pero no; no debo temer. ¿Por qué temer? ¿A qué temerle si ya he sobrevivido a varios sobresaltos? Y he caído de pie, como dicen que caen los gatos (aunque no siempre es así). Para mi las osadías y las audacias no son nada nuevo, no me asustan; me atemorizan más las pretendidas certezas y las tradiciones, que son tan susceptibles de convertirse en dogmas lacerantes. Y me atemorizan porque los dogmas se enquistan en el ánimo y después es muy difícil extirparlos… y es necesario extirparlos cuando uno necesita hacer espacio para nuevas costumbres, nuevos detalles en los estilos de vida, que vamos tejiendo a ganchillo con seda natural o a base de nudos toscos de un macramé mal aprendido, pero que resiste tempestades.

Pero no sé, no sé si debo siquiera intentar la osadía de atreverme a revelar lo que me produce un inquietante pica-pica ahí… Sí, sí, justo ahí…


No, no pienso que sea necesario dar más detalles ni precisarlo anatómicamente; sé que me entienden. Sospecho que ha quedado más que claro el lugar, el tipo de picor, la intensidad de la sensación que desvergonzadamente se erige como mástil de navío desafiante en medio de una  implacable tormenta de emociones.

No, no soy el único que lo ha experimentado ¿verdad? Es algo frecuente, diría que cotidiano, una sensación matinal e involuntaria en muchos casos.

…Bueno, mejor olvidemos por el momento lo dicho, lo pensado, incluso lo imaginado… Siempre podemos volver a soñar que no soñamos, sino que vivimos con intensidad los deseos, los placeres, los desvaríos emocionales...

Supongamos que estamos aún con la página en blanco, patéticamente virgen, estúpidamente esperanzada, deseosa de recibir letra por letra una confesión o un recuento de memorias; viciosa de letras, anhelante de textos con los suficientes espacios entre palabras, puntos, comas y acentos a discreción. La narración insolente, quizás pornográfica, quizás mística o rutinaria de lo que siento ganas de contar tendrá que brotar sola, sin demandas ni rubores.


Pero no, por ahora será mejor dar paso a un suponer lleno de posibilidades, un suponer sin más compromisos neuronales que las rutinarias sinapsis con las que las neuronas ejercitan sus dentritas y axones… Sólo eso, pensar apenas en la superficie, casi a ras de un no-pensar sutil y cadencioso.

Y después no hagamos nada que dentro de unos día nos comprometa a quedar mal con él, con aquél, con el de más allá, con esa multitud que de pronto, sorpresivamente y sin que nos hayamos preparado para ello, irrumpe galopando montada en nuestros deseos… 

¡Ah, los deseos! ¡Jinetes de los instantes y las oportunidades! 

En los más íntimos deseos y en los más frecuentes, deben encontrarse la pasión y la resolución, una con la otra... si es que una y otra tienen la intención de conducirnos desbocadamente a los orgasmos que alimentan nuestros ánimos memorables.

Mejor festejemos que no tenemos nada que festejar… sólo mucho que custodiar y conservar en forma y sana, en buenas condiciones de uso o abuso: pieles sensibles al tacto y a la espera, vellos cada vez más translúcidos por el insolente encanecimiento, temperaturas variables, turgentes tumescencias tangenciales —recordando con nostalgia y frustración cuando eran orgullosas y desafiantes perpendiculares corporales— ahí, sí, casi… cerca, más arriba y en la línea sagital (léase: media, en el centro). Sí aaaahhhhhhiiiiií, si.

¿Qué? ¿Qué resulta pleonásmico… redundante, hablar de turgentes tumescencias?

¿Y qué culpa tengo yo si la anatomía se hace aliada de la fisiología y del deseo y terminan generando un galimatías gramatical en mi entrepierna excitada? Si las Academias de la Lengua se toman las licencias que se toman, creando no sólo confusión sino absurdos, la gramática tendrá que dar licencia a la expresión que necesito usar para detallar con precisión emocional y sensible lo que ocurre cuando mi mano casi alcanza y rozar eso que se yergue con timidez de anciano (lo tangencial) y ansiedad de obsesivo y reiterativo adolescente (la turgente tumescencia).

Ya vendrá, antes o un poco más tarde, esa lluvia nacarada que no promete ningún futuro ni a la especie ni al linaje familiar.

Por eso disfruto tanto soñar y apenas despertar sin compromiso con el hoy o con la realidad intransigente; porque pese a los calendarios y las vivencias ya oxidadas, aún es posible convertirse en nube que llueve sobre los cuerpos más deseados, mirando los abiertos y alegres ojos que nos gustaría que se posaran en nuestros propios ojos.

Hoy, como ayer —según creo recordar—, pienso que despertaré sin haber dejado dormir a la resignación, y despertaré con una sonrisa dibujada en los labios que dejan escapar un travieso gemido de gozo.



1 comentario:

  1. Antes que nada mis mejores deseos para estas fechas Xabier...

    He leido parte del blog y como siempre, todo lo que escribes, me parece interesante, y es bueno saber que de la vieja escuela siguen habiendo personas que se interesan por un activismo activo, hoy, cibernetico, y que con ello se alenta a salir pronto y con orgullo de un closet que solo demuestra ser una prision mental.

    Alguien por ahi dijo que esconder ser homosexual es dar por hecho que es malo, y si yo se que no es malo, entonces debo mostrarme como tal.


    Siempre me ha gustado mucho de lo poco que escribes y he leido de ti, sin embargo me parece que debi haber nacido en un tiempo atras y haber visto y vivido de cerca tu vida, porque me parece grandiosa, hoy no lo deja de ser, mas sin embargo creo de haber sido desde aquella epoca dorada de Xabier a hoy habria sido un harto de experiencia.


    Es agradable saber que a travez de la red continuas dandonos tanto de ti...

    Mi queridisimo Xabier ambos tenemos asuntos pendientes sobre una obra y ya a su tiempo hare presencia a ello, por cuestiones meramente personales y ajenas a mi control no se ha logrado, no obstante seguimos con el sueño.



    Seguire leyendo mas tarde, por lo pronto debo ir al trabajo... una vez mas, tardisimo!!!!

    Felices fiestas y mil bendiciones de todo corazon de un amigo!

    Gabo!

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