lunes, 10 de mayo de 2010

UNA MEMORIA DE LOS MOVIMIENTOS GAYS EN MÉXICO

Inspirados por el cada vez más creciente movimiento feminista, motivados por el levantamiento social que supuso, a nivel mundial el movimiento de 1968, y después de la rebelión de Stonewall, en Nueva York, en junio de 1969, comienza a darse una inquietud entre algunos homosexuales, que provoca en muchas ciudades del mundo (incluida la Ciudad de México) el surgimiento de muestras de resistencia social a un orden hegemónico heterocéntrico y mediado por la misoginia y la homofobia. En México, a principios de la década de los 70, personajes como Carlos Monsivais, Nancy Cárdenas y Juan Jacobo Hernández, se organizan en algo que autodenominaban Movimiento de Liberación Homosexual, y entre las acciones que realizan es levantar una protesta pública, vía la prensa, por el despido de un joven empleado de la tienda Sears, por ser homosexual. Se trata de una primera movilización, a puerta cerrada, sin salir realmente del closet; pero fue, sin duda, una semilla que, en 1978, dio lugar al surgimiento de algunos grupos de activismo, tanto de hombres homosexuales como de lesbianas.


En un primer momento podemos hablar de tres grupos en los que los hombres homosexuales (y algunas lesbiana) comienzan a plantearse la necesidad de oponer resistencia a la homofobia generalizada a nivel familiar, político, médico, legal y social en general. Uno de tales grupos es Sex Pol, ─inspirado en propuestas psicológicas de vanguardia─, que se caracteriza por su enfoque hacia la autoconcientización y autoayuda; otro fue el grupo, sólo de hombres homosexuales, llamado Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) ─que toma el nombre de un grupo que surge en París durante la revolución estudiantil de Mayo del 68─ y un tercer grupo mixto, tanto de hombres como de mujeres, denominado Grupo Lambda de Liberación Homosexual, que recibía influencias tanto de grupos norteamericanos como del incipiente activismo homosexual de España.

El FHAR es el que inicia abiertamente la resistencia social, saliendo a la calle como contingente abiertamente homosexual en una marcha conmemorativa de la Revolución Cubana, el 26 de julio de ese 1978. Los activistas de Lambda nos sorprendimos y enfrentamos un dilema, por un lado aplaudíamos la acción de dar la cara y salir a la luz pública para vindicar la diferencia sexo-erótica, cosa que planeábamos hacer ese mismo año, y por otro lado lamentábamos que esa salida del closet, colectiva y política, hubiera sido para apoyar a un régimen que, como el cubano era profundamente homófobo, que había instaurado campos de concentración y de trabajos forzados para homosexuales. No obstante, se daba a conocer un grupo emprendedor y osado, que se enfrentaba a la opinión pública declarándose a un tiempo de ideas socialistas y abiertamente homosexual.

SEX-POL, por su parte era un grupo más o menos comprometido, pero a un nivel más personal; se reunían para discutir sobre la propia homosexualidad e invitaba a hombres y mujeres homosexuales a hablar de sí mismos/as, de sus necesidades, inquietudes y miedos, de su situación personal; así como para leer y discutir textos que sirvieran para general una aceptación de la propia homosexualidad, libre de mitos y prejuicios. Sin embargo, era una agrupación en la que no se planteaba la necesidad de dar la cara, de salir del closet. No obstante, es en esas reuniones de SEX-POL donde nos conocimos muchos de los que finalmente conformamos a Lambda. SEX-POL fue sin duda un estímulo y ofreció su local para las primeras reuniones de ese pequeño grupo de hombres y mujeres que estaban interesado en crear un grupo más combativo... realmente sexo-político.

A diferencia del FHAR y de los grupos lésbicos que se estaban por ese entonces organizando (como Lesbos y después OIKABETH, de los que sin duda hablará la compañera Yan María Castro), en Lambda considerábamos imprescindible una acción conjunta de hombres y mujeres, pues se consideraba inaceptable que reprodujéramos la separación de sexo-géneros que imponía el orden falocétrico y misógino. Desde el principio, en la elaboración de los puntos programáticos del grupo, éste se definió de ideología socialista y profundamente comprometido con el feminismo. Tan es así, que incluso combatiendo la androfobia de algunas propuestas de mujeres (particularmente las del Partido Comunista), el grupo fue co-fundador del FENALIDEM, un frente de liberación de la mujer que realizó varios encuentros de corte político y académico en la UNAM, en la que los pocos hombres que participaban, en su mayoría, éramos los homosexuales de Lambda.


El 2 de octubre de ese año de 1978 era sin duda una fecha a conmemorar con decisión y fortaleza, pues se cumplían 10 años de la matanza de Tlatelolco; y fue el momento en el que Lambda, FHAR y algunos grupos de lesbinas, por un lado, y grupos feministas, por otro, creamos sendos contingentes sexo-políticos. De hecho, es de recordar que fue la ocasión en que los diversos grupos de liberación homosexual y lésbic|os nos conocimos y formamos un contingente que marchó después del Partido Revolucionario de los Trababajores (PRT), que desde el principio se acercó y apoyó al incipiente movimiento gay, y el Partido Comunista que, para que no fueran confundidos con los y las homosexuales, marcharon guardando una más que evidente distancia... el resultado fue, para nosotros, exitoso, para el Partido Comunista, un fracaso: cuando el contingente lésbico-homosexual entró el la PLaza de las Tres Culturas, recibió un caluroso aplauso por parte de la población y los contingentes que ya habían arribado, en cambio, se hizo evidente el espíritu homófobo del Partido Comunista, que recibió una rechifla.

Una vez que nos conocimos unos a otros los diferentes grupos, tanto de hombres como de mujeres homosexuales, programamos reuniones para discutir temas de interés general y organizar actividades; y aunque la mayoría de las veces tales reuniones terminaban en desacuerdos, conseguimos organizar algunos encuentros y algunas acciones de denuncia. Quizás la más memorable fue la organización, el año siguiente, de la 1ª. Marcha Lésbico-Gay de México, que en aquellos días llamábamos (y algunos seguimos denominando) Marcha de Orgullo Gay. Esa primera marcha fue un experimento que, a la distancia, podemos calificar de ingenuo, porque si bien planeábamos ir de los Leones de Chapultepec al Hemiciclo a Juárez por el Paseo de la Reforma, nos chamaquearon los del Distrito Federal y fue una marcha por las calles de Lerma (paralela a Reforma) de Los Leones a la hoy desaparecida Plaza Carlos Finlay, a un costado del Monumento a la Madre. Las siguientes Marchas sí se hicieron por el Paseo de la Reforma hasta el Hemiciclo, pero en los últimos años se modificó la ruta: saliendo del Monumento a la Independencia (que no es un Ángel como se le llama, sino una Victoria) y terminando en el Zócalo.

Poco a poco los grupos fueron madurando y cada uno fue concentrando sus actividades en aquellos objetivos que más le preocupaban. Uno de ellos, hacer que el movimiento rebasara los límites de la Capital y floreciera en provincia. Con más timidez que éxito se organizaron pequeños grupos en Morelos, Oaxaca y otros lugares, entre ellos, un grupo Lambda en Guadalajara que surgió y se extinguió sin dejar huella, aunque en dicha ciudad se consolidó una propuesta tapatía importante: el Grupo Orgullo Homosexual de Liberación (GOHL), que fue el que primero organizó una Semana Cultural Gay, en 1983, en donde se dio a conocer el Grupo Guerrilla Gay, en principio agrupando a ex-militantes del Grupo Lambda de la Ciudad de México.

El grupo conocido como Círculo Cultural Gay, que también se desprende de Lambda, es el que retoma la idea de la Semana Cultural, hasta hacer de ésta una tradición importante, que amplía el espectro de actividades gays en México, contando con la solidaridad de artistas heterosexuales e involucrando a la UNAM. Intentos parecidos comienzan grupos como Ikatiani y otros, que se diluyen poco a poco. Por su parte Guerrilla Gay, en principio con Cálamo, después sólo y luego con la participación de Ave de México, comienza sus famosos Martes de El Taller, que se prolongan por 10 años (de 1987 a 1997) y que después continúan, cada vez con menor fuerza, el Grupo Homosexual de Acción Inmediata (GHAI) y el grupo Palomilla Gay, un grupo de jóvenes que se agrupan, entrados los 90, al amparo del propio Guerrilla Gay.

A mediados de la década de los 80 se funda el mencionado grupo Cálamo, que centra más su actividad en la lucha contra el SIDA y que después de haber participado en los Martes del Taller, realiza durante un tipo actividades culturales en el Bar el Nueve, siempre con la vista puesta en la lucha contra el SIDA. De hecho, comienzan a aparecer varios grupos de homosexuales activistas, pero su objetivo no era tanto la liberación o resistencia homosexual, sino la lucha contra esa pandemia que recrudeció la homofobia en todo el mundo: el SIDA; muchos de los cuales aún están en actividad.

El FHAR también se fractura y en su lugar queda el Colectivo Sol, que junto con Guerrilla, sigue considerando que el objetivo primario es el activismo gay, y que la lucha contra el SIDA es algo que debe hacerse pero sin silenciar la resistencia homosexual. Este grupo consolida sobre todo una actividad editorial, con 41-Soñar Fantasmas y Del otro lado, y se aboca a la constitución de un importante archivo que hasta hoy se enriquece y sirve de referente al hacer de algunos académicos interesados en el tema homosexual.

Cabe recordar que también en el ámbito religioso surgieron inquietudes libertarias, entre las que cabe destacar la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, como secuela de las iglesias de este corte surgidas en Estados Unidos y Europa, y otros intentos que duraron poco como el grupo El Discípulo Amado, que buscaba conciliar el sentimiento religioso como la preferencia homosexual.

Poco a poco, sin embargo, el activismo de grupos específicos pierde fuerza (aunque siguen apareciendo algunas propuestas como la de Hombres Gays), al tiempo que un activismo individual e incluso de académico y de artistas-empresarios como Tito Vasconcelos comienza a rendir frutos... casi me atrevería a decir que, de alguna forma, esta VII Semana Cultural de la Diversidad Sexual, este encuentro académico que nos reúne, es consecuencia de dos fuerzas, la fuerza personal de quienes son sus organizadores, empezando por la Dra. Yesenia Peña Reyes y algunas instituciones como el INAH y gobiernos estatales, y por la acción y la inercia producidas por el activismo tanto feminista como lésbico-gay-transgenérico.



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